patrimonio, arte, identidad, arte, cultura, arte, desarrollo.

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lunes, 6 de julio de 2009

El (des) cuidado del patrimonio nacional peruano.


Cuando llegué a Perú desde Italia, hace cuatro años, ya me estaba especializando en Antropología, y más precisamente en temas de revaluación de patrimonio y museología.
En Italia una buena parte de la economía nacional se desarrolla alrededor del turismo, y por reflejo, al cuidado del patrimonio histórico nacional. Cada columna romana, cuadro renacentista e iglesia barroca son puestos en valor, para que el turista pueda apreciar cada pequeña expresión artística pasada y moderna.
Lo que me llamó la atención en Perú fue el descuidado total o parcial de algunas obras de arte; enteros sitios arqueológicos son dejados a si mismos o casi, para que los huaqueros puedan aprovecharse de ellos. Muy a menudo iglesias coloniales que exponen imponentes retablos dorados, o cuadros de los maestros cuzqueños carecen de un guardián que pueda hacerse cargo de ellas. O, si hay un guardián este no tiene más que un pito y un bastón para defender el patrimonio colonial de los posibles malintencionados.
Como reporta una conocida experta de patrimonio peruano, Mariana Mould de Pease, esta es una situación conocida por las autoridades municipales y gubernamentales, y a la cual no se pone reparo por desinterés y no comprensión del real valor del arte colonial. El Perú todavía no se da cuenta de cómo, con una política cuidadosa de revaluación del patrimonio la entera nación podría salir beneficiada.
Muchas de las obras de arte colonial mejor preservadas, y puestas en entornos naturales vírgenes, calidades que el turismo internacional aprecia, se encuentran en regiones extremadamente pobres del Perú, como Huancavelica, Apurímac o Andahuaylas. Un turismo responsable podría ayudar el desarrollo de estas zonas y el bienestar de sus pobladores.
El descuido de las obras de arte trae consigo otros de los problemas que afectan el patrimonio nacional: el tráfico ilícito de obras de arte, que en Perú es casi una realidad cotidiana. Por tráfico ilícito de bienes culturales se entiende, en general la exportación o importación ilícita de obras de arte del o al territorio peruano. Y la transferencia de propiedad ilícita de bienes culturales dentro del territorio peruano.
En el artículo 21 de la Constitución Peruana se puede leer: “Los yacimientos y restos arqueológicos, construcciones, monumentos, lugares, documentos bibliográficos y de archivo, objetos artísticos y testimonios de valor histórico, expresamente declarados bienes culturales, y provisionalmente los que se presumen como tales, son patrimonio cultural de la Nación, independientemente de su condición de propiedad privada o pública. Están protegidos por el Estado. La ley garantiza la propiedad de dicho patrimonio. Fomenta conforme a ley, la participación privada en la conservación, restauración, exhibición y difusión del mismo, así como su restitución al país cuando hubiere sido ilegalmente trasladado fuera del territorio nacional”.
De hecho en materia de bienes culturales la Constitución Peruana es muy a menudo no respectada, y la lista de INC (Instituto Nacional de Cultura) sobre las obras de arte robada se amplía cada mes más. Las obras de arte colonial, que se encuentran en iglesias que escasean de la seguridad apropiada, son blanco fácil para los traficantes. Otras veces son los mismos encargados de la seguridad a abrir paso a los ladrones.
Falta una sensibilización de la ciudadanía. En las conclusiones del III Taller Regional contra el Tráfico Ilícito de Bienes Culturales, Bogotá 2002, se puede leer que es necesario “Enfatizar en el concepto de responsabilidad compartida para vincular a la comunidad de manera activa en la conservación de su patrimonio”. A no saber la importancia y el enorme potencial del patrimonio nacional, los pobladores no se dan cuenta de cuanto pueden perder a permitir huacos y robos de obras de arte, ni de cuanto podrían beneficiar de un adecuada política de desarrollo del patrimonio.
Las oficinas regionales del INC muy a menudo faltan de las herramientas apropiadas para poder trabajar de manera efectiva. No hay todavía un estricto inventario de los bienes culturales, presentes en territorio nacional, hecho que simplifica la desaparición de las obras de arte; si las autoridades competentes no saben de la existencia de estas, es como si efectivamente no existieran.
Sin embargo, la lucha contra el tráfico de obras de arte tiene que continuar. Una campaña de sensibilización ciudadana, y una metodología de catalogación de las obras de arte, podría ayudar en un futuro a reducir el número de robos, y a preservar intacto el valioso patrimonio cultural peruano.

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